Lo que hice para regular mi sistema nervioso (y lo que tú puedes empezar hoy)
(Serie: Sistema nervioso, cuerpo y conciencia · Parte 2)
Somos mente.
Somos cuerpo.
Somos espíritu.
Somos seres sexuados y afectivos que necesitamos conexión.
Y somos energía.
Y cuando una de esas dimensiones se desbalancea, el cuerpo siempre encuentra la forma de avisarnos
Si llegaste hasta aquí después de leer el blog anterior —Cuando el cuerpo entra en alerta y la vida te pide volver a ti—, probablemente algo en tu cuerpo también se movió.
Porque cuando hablamos del sistema nervioso no estamos hablando de teoría.
Estamos hablando de experiencia vivida.
En ese primer texto nombré el momento en que el cuerpo habló.
En este quiero contarte qué hice después.
No como fórmula.
No como promesa.
Sino como proceso.
El momento de claridad: no era ansiedad, era alerta sostenida
-Hubo un punto de inflexión claro.
Conversando con mi hermana, repasando síntomas, ritmos y sensaciones, algo se acomodó internamente: lo que estaba experimentando no era ansiedad en el sentido clásico.
Era cortisol elevado.
El cuerpo estaba funcionando como si todavía estuviera en emergencia.
Ahí fue cuando miré el proceso desde una perspectiva más fisiológica: el eje que regula nuestra respuesta al estrés, donde participan las glándulas suprarrenales, ubicadas sobre los riñones. Son las encargadas de producir cortisol y adrenalina cuando entramos en: "fight or flight".
El problema no es que se activen.
El problema es cuando no logran apagarse.
Y mi cuerpo llevaba tiempo sin apagarse del todo.
El contexto importa: perimenopausia y sistema nervioso
Aquí hay algo importante que no puedo dejar fuera.
Estoy en una etapa de perimenopausia, entrando a la menopausia.
Esto no es una etiqueta ni una excusa.
Es contexto.
En esta transición hormonal bajan hormonas como el estrógeno y la progesterona, que cumplen funciones importantes en la regulación emocional, el sueño y la respuesta al estrés. Cuando bajan, muchas mujeres notamos:
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más ansiedad
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mente nublada (foggy mind)
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cambios en el descanso
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mayor reactividad emocional
Mis estudios hormonales previos ya mostraban cambios, aunque sé que debo actualizarlos. Aun así, el cuerpo no espera a los laboratorios para avisar.
Yo estaba notando cambios en mí.
Escucharlos fue parte del cuidado.
Cuando entendí que no me había movido
Aquí ocurrió otra toma de conciencia importante.
Desde el evento de salud de mi papá —un paro cardíaco donde literalmente volvió a la vida— yo no me había estirado.
No me había movido conscientemente.
No había hecho ejercicio.
No había hecho mis rutinas de descarga.
Seguía funcionando.
Seguía resolviendo.
Pero no estaba liberando.
Hoy sabemos, y hay evidencia que lo respalda, que el estrés no se queda solo en la mente.
El estrés se guarda en el cuerpo, especialmente en la fascia, ese tejido conectivo que envuelve músculos y estructuras. Cuando no hay movimiento, estiramiento ni descarga consciente, esa tensión se queda ahí.
Yo leo mucho sobre esto. Me educo constantemente.
Pero vivirlo en mi propio cuerpo fue otra cosa.
Saber no me hace inquebrantable
Quiero decir esto con honestidad.
Ser psicóloga, trabajar con sistema nervioso, tener formación y experiencia, no me hace inquebrantable.
No me hace inmune.
No me coloca por encima de la experiencia humana.
Soy vulnerable.
Y eso no me debilita; me humaniza.
Dentro de la psicología, a veces se percibe cierta altivez, como si quienes acompañamos procesos no necesitáramos cuidarnos. Y no es así.
El autocuidado diario no es una moda.
Es ética profesional.
Para poder acompañar a otros, yo necesito estar en balance.
Lo que hice para volver al balance (sin soluciones mágicas)
No fue una sola cosa.
Fue constancia.
Movimiento y descarga
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caminatas contemplativas
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caminar conversando
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ritmo lento, luego progresivo
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volver a la fuerza y a la descarga consciente
Golpear el saco, sudar, activar el cuerpo desde la descarga también regula el sistema nervioso.
No todo se procesa hablando.
Aromaterapia y regulación del sistema nervioso
La aromaterapia fue parte del acompañamiento diario, no como algo puntual, sino como una presencia constante que ayudara al cuerpo a sentirse contenido y seguro.
Hubo un momento clave que marcó un antes y un después. Conversando con mi hermana, repasando síntomas, ritmos y sensaciones corporales, ambas coincidimos en algo importante: lo que yo estaba experimentando no era ansiedad en el sentido clásico, sino una activación sostenida del sistema nervioso, muy probablemente asociada a niveles elevados de cortisol y a la sobrecarga del eje del estrés, donde participan las glándulas suprarrenales.
Después de esa conversación, me di un espacio para escucharme. Me puse a buscar, a meditar, a preguntarme con honestidad qué era lo que mi cuerpo necesitaba en ese momento. Fue ahí que recordé el tulsi o albahaca sagrada, una planta adaptógena que no actúa desde la sedación, sino desde el apoyo a una gestión más efectiva del estrés sostenido.
Comencé a usarlo de forma consciente y, desde esa misma claridad, se lo recomendé a mi hermana. No desde la certeza absoluta, sino desde la observación atenta de lo que estaba empezando a notar en mi propio cuerpo.
Las primeras veces lo apliqué detrás de las orejas, masajeando suavemente esa zona y trabajando puntos reflejos auriculares. La respuesta corporal fue clara y muy específica: dejé de hiperventilar. La respiración empezó a volverse más profunda, más lenta, más manejable. Apareció una sensación de calma sostenida, no abrupta ni forzada.
Poco después, se dio otra respuesta importante: comencé a sudar en el área del rostro, particularmente cerca del lugar donde lo había aplicado. No fue una sudoración por calor ni por esfuerzo físico, sino una respuesta corporal de liberación. Con el uso constante —dos a tres veces al día— esa misma respuesta empezó a replicarse progresivamente en el resto del cuerpo, como si el sistema nervioso estuviera encontrando una vía segura para descargar.
Luego del segundo día, se materializó otro cambio significativo: dejé de sentir la compresión y la presión en el pecho, que en mi caso también tenía un componente muscular, y pude respirar con mayor amplitud y profundidad.
Al día y medio de uso, mi hermana comenzó a verbalizar en nuestras conversaciones que sí, que le estaba funcionando, describiendo una respuesta corporal muy similar. Esa validación no fue lo que inició el proceso, pero sí lo confirmó. No se trataba de sugestión, sino de fisiología respondiendo cuando se le daba el estímulo adecuado y de forma sostenida.
De manera paralela, incorporé aceites con propiedades reguladoras del sistema nervioso como la lavanda, la copaiba y el palo santo, siempre observando cómo respondía mi cuerpo.
También utilicé de forma consistente la mezcla Inhala Paz, Exhala Ansiedad de Etérea, aplicada como Pure Fume, es decir, para inhalación directa a lo largo del día. Este gesto sencillo —inhalar profundo, exhalar lento— se convirtió en un ancla corporal. No era solo el aroma; era el ritual, la pausa intencional, el recordatorio físico de volver al cuerpo cuando la mente se aceleraba.
Nada de esto fue inmediato ni mágico.
Fue progresivo.
Fue corporal.
El cuerpo empezó a soltar cuando se sintió escuchado, acompañado y sostenido.
Trabajo corporal
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ejercicios de quijada (abrir, sostener, cerrar)
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masajes mandibulares
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gua sha facial
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tapping en el timo
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acupresión en los oídos
La tensión en la quijada fue intensa al inicio. Me recordó el bruxismo de la pandemia. El cuerpo estaba recordando.
Con repetición y acompañamiento, fue soltando.
Nutrir el cuerpo para que la mente pueda descansar
En esta etapa fue importante sostener al cuerpo:
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magnesio glicinato por la noche
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multivitaminas
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omega-3 (tres cápsulas diarias)
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probióticos y prebióticos
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colágeno
La salud intestinal importa. El intestino es nuestro segundo cerebro, y en la perimenopausia el estreñimiento y la inflamación son comunes.
A esto se sumaron factores estacionales: cambios en la alimentación, más azúcar, algo de alcohol. Incluso en personas que no consumen alcohol habitualmente, esto puede impactar significativamente la ansiedad y el descanso.
Nada ocurre aislado.
Todo conversa.
No me quedé ahí
Comparto este proceso no para que lo hagas igual, sino para que recuerdes algo importante:
El cuerpo no se equivoca.
El cuerpo avisa.
Somos mente.
Somos cuerpo.
Somos espíritu.
Somos seres sexuados y afectivos que necesitamos conexión.
Somos energía.
Ese es el ser 5D del que hablo.
No estoy en contra del modelo médico tradicional. Creo profundamente en la integración: medicina, psicología, prácticas conscientes y terapias holísticas trabajando juntas.
No es elegir bandos.
Es escucharnos completos.
El cuerpo no se equivoca.
Lo que necesita es tiempo, escucha y acompañamiento.
Esto continúa
Este texto es parte de una serie.
En el próximo blog voy a profundizar en:
-
cómo el estrés se almacena en la fascia
-
la relación entre trauma, cuerpo y memoria
-
prácticas concretas para liberar tensión sostenida
Además, he preparado un worksheet descargable para acompañarte a empezar este proceso en tu propio cuerpo, a tu ritmo, con presencia.
Si tu cuerpo te está hablando,
quizás este sea el momento de escucharlo.
Samari Román Gandulla
Psicóloga Holística
Cuerpo · Conciencia · Regulación
